El tiempo es propiedad de la modernidad

Vivimos en tiempos de la modernidad –es decir, tiempos que son propiedad de la modernidad– que nos oprimen y reprimen. Los tiempos de la modernidad nos llevan por caminos engañosos que se disfrazan de prosperidad y bienestar con la condición de trabajar sin descansar. Producir y acumular es lo que nos pide el tiempo haciéndonos creer que, de no hacerlo, nos quedaremos solos atrás.

Nuestra vida es propiedad de la modernidad donde nuestro propósito se ha reducido a la replicación de este sistema

Nosotres, como el tiempo, también somos propiedad de la modernidad. La modernidad, en este sentido, es un sistema que busca replicarse a través de nuestra cultura, moldeando nuestro comportamiento y dirigiéndonos hacia el objetivo de reproducirla. Dentro de este moderno mundo imperial, nos caracterizamos por ser gente oprimida por el tiempo. De manera que el tiempo hoy, es una herramienta de opresión que nos encarrila a seguir un camino predispuesto para esparcir más modernidad.

El tiempo es un molcajete de conciencias

En este presente, el tiempo se ha vuelto un molcajete que muele nuestra conciencia cuando no seguimos el camino de la modernidad. Cuando no producimos lo suficiente, el tiempo nos muele y nos hace rechinar como el crujir de los dientes en un ataque de furia. En este presente y en este camino, el tiempo es una carga invisible pero muy pesada para la persona que camina.

Todo tiempo moderno es tiempo apocalíptico

El tiempo moderno, al volverse una herramienta, ha tomado una cualidad apocalíptica. Es apocalíptico en el sentido que se ha vuelto un vehículo hacia un fin que se plantea como inevitable. En razón de este fin último, se justifican decisiones para acelerar su llegada. En el caso de la modernidad, el fin último es la riqueza absoluta y la eliminación de todo límite para la voluntad humana. El tiempo, ante el fin, se vuelve en la máquina que produce la presión que nos oprime para orientar la vida hacia la meta.

No habrá tiempo fuera del fin último

La fuerza con la que el tiempo apocalíptico nos propulsa hacia el fin nos arranca del presente. La presión nos pone a trabajar pensando en el bienestar del futuro comprometiendo nuestra habilidad de saber ¿qué es lo que queremos de él? Aquella persona que se detiene a cuestionar las acciones tomadas para llegar al fin es sancionada en el presente con privaciones de su valor personal. De esta manera, no hay tiempo para hacernos preguntas hoy porque el tiempo está ya destinado al trabajo para el fin.

El valor no está en el presente, está en el dinero

Cuando el tiempo se plantea como escaso y se vuelve en un vehículo para la aceleración de la modernidad, entonces este es incapaz de generar y contener valor real1 puesto que el enfoque en el mantenimiento de valor real es antagónico a la meta apocalíptica2. Esto es así porque el tiempo deja de ser la fuente del valor y, más bien, se convierte en agente extractor del valor depositándolo en el concepto del dinero. No vale la pena detenernos a ver el pasar del agua en un río porque es tiempo desperdiciado. Esto tiene un efecto en la composición del proceso creativo.


1. El concepto de valor real se refiere al valor definido principalmente de manera cualitativa. Este valor se diferencia de otros conceptos como valor de uso o valor de cambio en tanto que no es algo intrínseco de los objetos sino que se construye al relacionar nos con el mundo a través de experiencias no necesariamente de consumo. Quienes han estudiado el valor real con mayor éxito son las artistas quienes a través de sus medios, han querido comunicarlo y profundizar en él .

2. Es antagónico porque tenemos que disponer de él para que el tiempo pueda crear y almacenar valor y la modernidad nos lo arrebata anteponiendo la aceleración para el fin.

Creación sin memoria

Actualmente, el proceso creativo padece de separación entre sus partes, ya que cada vez más se desconecta el proceso de ideación, del de la expresión, que a su vez se separa del de la producción. Esto está agravado porque el valor de una creación está determinado por el dinero que logra movilizar al venderse más que por el valor de uso en comunidades o entre individuos. Por lo tanto, hay mucha belleza que se pierde en el paradigma productivo moderno pues, al dividir la ideación y la producción de su valor perdemos la belleza en la historia de los objetos y la capacidad de interactuar con ellos. Esto es particularmente el caso cuando consideramos que esta separación es parte de un proceso de pérdida de memoria. La pérdida de memoria es cuando el pasado queda en un segundo plano para encontrar el valor del proceso y la creación humana. La modernidad ha construído una tradición de destrucción del pasado –La pulsión destructiva de la modernidad es parte de su mitología de rompimiento con la tradición para la modernidad– a través de múltiples manifiestos modernistas, innovaciones o utopías. El hecho de la persistencia de esta tradición de la modernidad sin el reconocimiento de su persistencia hace más evidente la ceguera moderna de la tradición.

El molcajete de conciencias muele nuestra felicidad

Sin valor en el presente no hay felicidad hoy ni mañana. Nos da miedo disfrutar el hoy porque creemos que el tiempo no perdona. Nos consume el miedo de no ser lo suficientemente productivos ante los demás y, por consecuencia, nos ponemos en una competencia infinita de exigencia sin límites. Ser feliz en el presente implica tiempo y en la modernidad eso cuesta dinero.

La moneda de la vida: producción sin cuidado y vida sin alegría

Producimos sin ver cómo vivimos produciendo. Producimos sin dormir y sin comer esperando “sacar el pan de cada día” que pronto vendrá. Producimos sin reflexionar en lo que producimos porque no hay tiempo de pensar o cuestionar. Buscamos trabajo sin considerar nuestro bienestar porque necesitamos producir antes que vivir. La vida, entonces, se vuelve una moneda y toma dos caras; la productiva y la del cuidado. La cara productiva es la valiosa y la cara del cuidado es la costosa. Todo cuidado se vuelve irrelevante salvo que su descuido afecte la capacidad de producir, entonces el cuidado se vuelve urgente para volver a la carrera por escapar de la opresión del tiempo.

Romper el mecanismo que transforma al tiempo en opresor

Desde mecate.camote, manifestamos que es necesario liberarnos de la opresión del tiempo moderno. Esta liberación implica, en primer lugar, tomar conciencia de que el tiempo presente es valioso en sí mismo; es decir, el hoy es tan importante como el mañana. Hacer amistad con el tiempo requiere de hacernos muchas preguntas sobre lo que verdaderamente valoramos. Por una parte, vivir bajo la opresión del tiempo lleva a que trabajemos de manera más rápida y produzcamos más. No obstante, el costo de la aceleración de la producción es vivir con miedo constante de quedar aplastade por el tiempo, de ser humillade por no tener suficiente dinero, de quedarse atrás, de no ser la mejor versión posible de une misme. El cuestionamiento del tiempo también implica cuestionar a nuestra identidad personal como algo que no está afectado por su paso y por el del espacio en el que nos encontramos y, más bien, pensar que el presente y el aquí forma parte de lo que somos3. Al transformar nuestra relación con el tiempo en una menos antagónica, encontraremos en él una fuente de valor que resultaba invisible en el paradigma anterior. El tiempo también será un depósito del valor real convirtiéndolo en el ingrediente final que empapa de belleza todo suceso ordinario que permite encontrar un poco de alegría en todas partes.

Ver a la vida como una misma moneda de caras igualmente valiosas

Decidir no maximizar nuestra vida para la acumulación del dinero implica que ella no estará optimizada para este fin. Esto significa que habrá que aceptar que nunca llegaremos al punto máximo teórico de la riqueza y que, probablemente, esta meta sea un absurdo4. Como el dinero monopoliza el valor, renunciar a su maximización es también renunciar al valor potencial personal en la modernidad. En consecuencia, la renuncia nos condenaría a un camino de poca autoestima donde la alegría es escasa.

Ante esto, manifestamos que la acción productiva no es la única fuente de valor para la vida. La producción sin cuidado nos lleva al valor amputado5. El valor de la modernidad está amputado porque ignora activamente sus cualidades no cuantificables, es decir, este valor es ciego a las cosas que hacen la experiencia humana satisfactoria pero que no se pueden medir fácilmente para su intercambio masivo entre personas. La persecución de valor amputado lleva a una vida precaria que depende de la capacidad productiva del individuo y de una constante enemistad entre pares en consecuencia de la competencia. Manifestamos que no hay amistad y vida plena sin el cuidado y que para tener cuidado hay que tener tiempo. Por eso, cuando la amistad con el tiempo es parte de nuestra vida, vemos a la vida como una medalla valiosa; de ambas caras, la vida es preciosa. Detenerse a escuchar el viento pasar, o los pájaros cantar, será igual de valioso que haber terminado una tesis o recibir el salario del mes. Manifestamos que es urgente devolverle el valor al tiempo de cuidado puesto que, sin él, la vida no prospera y no encontraremos alegría que se esconde en oler la tierra mojada, tocar el mar, dormir, compartir felicidad y descubrir el espacio que nos rodea.


3. Esto puede entender se como el abandono de la perspectiva epistemológica de la separación de sujeto-objeto, también conocido como la filosofía cartesiana de la identidad.

4. Suponer que no hay límites a la capacidad de acumular valor es, actualmente, un pilar de la psicología de la modernidad y eso es problemático.

5. Por valor amputado nos referimos a un valor incompleto que ha rechazado parte de sí.

Buscar la felicidad en el uso libre del tiempo

Con el compromiso de no antagonizar al tiempo, estaremos pensando en él como un fruto maduro recién cosechado en lugar de un producto enlatado y procesado. Esto significa que habrá un límite a cuánto valor podemos acumular porque el valor del fruto del tiempo está vigente sólo cuando está fresco. La búsqueda de la alegría en el paradigma de mct cmt consiste en mantener nuestro camino cerca de los árboles que ofrecen los frutos del tiempo. En otras palabras, proponemos mantener siempre un ambiente que propicie el cultivo del valor del tiempo y que nos permita disfrutar de él mientras está fresco, en el presente.

El presente con memoria es un presente hábil para cosechar

Por otra parte, proponemos buscar el final de la amnesia moderna a través del reconocimiento y valorización de la memoria. Para nosotres la amnesia moderna es el resultado de la ceguera del valor real de la experiencia humana que, a su vez, es consecuencia de la persecución sistemática del valor amputado frente al olvido del valor real. Proponemos, al tomar consciencia de los aspectos no cuantificables del valor real, que retomemos, construyamos y mantengamos la memoria. Así podremos cuidarnos mejor. La memoria permite que podamos tomar decisiones informadas sobre cómo actuaremos en el presente, permite que podamos reconocer patrones en conductas que nos hacen daño y permite que tengamos claridad en lo que verdaderamente valoramos. La memoria es nuestra herramienta para cosechar los frutos del tiempo. Valoramos la memoria porque sin ella, vamos ciegos.

Valorar el proceso creativo y productivo tanto como el resultado final

A lo largo de este manifiesto hemos propuesto una estructura de valor alternativa a la hegemónica moderna. Nuestra propuesta es cambiar la supremacía de la producción ante la vida. En su lugar, queremos dejar de pensar al tiempo como un opresor de consciencia para convertirlo en fuente de valor para la experiencia humana. Ello implicaría bajarse del tren apocalíptico de la modernidad donde nada importa más que acelerar para llegar al fin. Al bajarnos, caminaremos cerca de los árboles que nos dan los frutos del tiempo que es alimento de vida. Nuestra poción para la cura del tiempo apocalíptico consiste en un tecito de fé en que estaremos bien. Con este tecito pensamos cambiar nuestra relación con el futuro y el presente. Decidimos creer que estaremos porque esa convicción nos permite estar plenamente en el presente y terminar la enemistad con el tiempo. Al creer que estaremos bien, podremos tener más claridad sobre las acciones que tomaremos hoy para liberarnos de la opresión del tren de la modernidad. En mecate camote, encontramos libertad en el cuidado y el trabajo para el mantenimiento del bosque de frutos de tiempo, en la reconstrucción de la memoria, en la amistad, en el cuidado de la vida y en el amor.

EN MECATE CAMOTE MANIFESTAMOS QUE LO MÁS IMPORTANTE ES QUE ESTAREMOS BIEN

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