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IMAGEN-ACTO

Museo Carrillo Gil, Agosto 2025

performance y sesión de cine expandido

curaduría y edición: Julia Luna y Diego Núñez

intervención de imagen en vivo: Ricardo Alva

musicalización en vivo: Aarón Vazquez e Iván de Lira

registro fotográfico: Luisa Luna y Julia Luna

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La imagen operativa obtiene su nombre gracias a su funcionalidad, se trata de una imagen producida para trabajar. El concepto, desarrollado por el cineasta alemán Harun Farocki tanto en su obra cinematográfica como en su obra escrita, evidencia el papel que fungen estas imágenes dentro de operaciones militares o fabriles, confrontándolas con la visión de lxs espectadorxs pero también con la propia imagen, creando una comparación permanente entre su función “original” y sus nuevos efectos. La noción de imagen operativa es por lo tanto extensiva, se trata de una noción que se despliega y se transforma en distintos niveles que van de lo particular a lo general. En primera instancia, se entiende la imagen operativa como un término solamente aplicable a imágenes meramente funcionales, producidas por máquinas como parte de procesos técnicos, de manera que lo que se ve es una presentación de datos diseñados para un algo concreto. El nivel intermedio, entre la máquina y la persona, es una combinación de ambos extremos y una ampliación del rango de la definición que puede referirse a cualquier imagen que sea útil o instrumental de algún modo, sin reducirse a operaciones militares ni a su producción meramente algorítmica. Por último, en su sentido más extensivo, la imagen operacional se vuelve toda imagen capaz de operar, es decir de actuar por sí misma, hablamos de performatividad y entonces de la imagen como agente.


Proponemos exceder los límites del concepto original de imagen-operativa, para llevarlo a una comprensión de la imagen en sí misma como acto, es decir, como capaz de instaurar y generar nuevos sentidos que expandan los horizontes del referente imaginario, acorde a la cultura visual contemporánea en medio de un alud de imágenes digitales que vemos al por mayor de manera cotidiana, hacia nuevas posibilidades críticas y de visión. Retomando el “montaje blando” de Farocki, entendido como una práctica que permite ver dos o más imágenes simultáneas mediante la división de los canales de video, hemos elegido una serie de obras audiovisuales que pretenden entablar una conexión dialéctica entre las imágenes que las componen, mediante un ejercicio de cine expandido donde una clara línea entre la violencia, el trabajo y el capital son descubiertos. 

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